Cielo

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domingo, 29 de diciembre de 2013

La Alegría


Jamón serrano, jamón ibérico, lomo ibérico, queso manchego, chorizo, salchichón, callos a la madrileña, bonito con tomate, tortilla casera, boquerones en vinagre, anchoas, mejillones y montados variados. ¿Se puede pedir más?. Esto es lo que ofrece la pizarra primorosamente escrita y expuesta en la calle para animar al público a visitar el bar La Alegría (Veneras, 7, muy cerca de la Plaza de Santo Domingo). Dos maravillosos cuadros de cristal pintado ofrecen dos imágenes paradigmáticas de lo que debe ser un bar que se precie: una copa de vino blanco y un par de aceitunas, y una jarra de cerveza y una gambita. Local pequeño, pero castizo y entrañable, ofrece comidas al fondo (en un entorno de bellos azulejos, mesas de mármol y bancos y taburetes de madera) y en la pared de la entrada cuelga un enorme bastón de madera con una frase que da que pensar: "cuidado con la alegría que puede llorar".

Hacen su propio lacón y la tortilla de patatas es verdaderamente deliciosa (te la ofrecen de tapa con la caña, y también unas aceitunas de Campo Real). La decoración del frente de la barra está repleta de motivos taurinos y futbolísticos. Es un bar como los de antes, de esos que tienden a desaparecer en cuento los dueños se jubilan o se cansan. Por eso son dignos de callado homenaje. Y por lo bien que va este nombre para un bar.

martes, 17 de diciembre de 2013

La Torre de las Aguas


Saliendo de Vilafranca por el camino de la Bleda, paseando entre viñedos, llegamos al término municipal de Pacs y allí encontramos la Torre de las Aguas, un ejemplo de arquitectura industrial de principios del s.XX. Construída en 1923, tiene planta cuadrada, con base y tres tramos con ventanales en todos sus lados y alturas. Extraía agua del río que se bombeaba a los depósitos de la montaña de Sant Pau y, desde allí, surtía de agua a la ciudad de Vilafranca. Actualmente está en desuso. En ese paisaje por el que cruzamos una riera y nos acermos al río Foix (donde hubo molino) encontramos una ermita y una masía (casa grande dedicada a las labores del campo). Es un paseo de otoño en una mañana soleada por el Penedès, la tierra del vino.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Museu de L´Eròtica


En el número 96 de Las Ramblas de Barcelona, frente al famoso Mercado de La Boquería, se encuentra uno de los museos más curiosos que te puedas imaginar: uno que está dedicado al erotismo, al deseo sexual, a la fascinación por los cuerpos y por la gente que se roza con esos cuerpos. En fín. Un recorrido por la representación del placer en las antiguas civilizaciones, en el mundo asiático, las escenas del Kama Sutra hindú, una mirad a Rusia, la Europa de los siglos XIX y XX, una colección de falos, la cultura de las pin-up, el arte gay, la mirada de los grandes genios de la pintura, el arte contemporáneo, paneles explicativos con los records sexuales del mundo y una sala roja dedicada al fetichismo y sadomasiquismo. En un pequeño saloncito, la colección de películas privadas de Alfonso XIII: se trata de una serie de producciones realizadas en el barrio chino de Barcelona entorno a 1926 por Ricardo y Ramón Baños bajo la iniciativa del propio rey de España, cintas restauradas por la Filmoteca de Valencia y milagrosamente conservadas. Además, tienen un patio-jardín con plantas y fotos de la naturaleza caprichosa en sus formas.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Iglesia de Sant Francesc


La iglesia del antiguo convento de los franciscanos de Vilafranca del Penedès (Barcelona) es un edificio gótico de finales del s.XIII y, de alguna forma, el panteón de nobles ilustres de la localidad. Del convento solo se conserva el claustro renacentista, que tiene un pozo en medio y en las paredes azulejos con escenas de la vida San Antonio de Padua (que antes estaban dentro del templo). En una de las capillas de la iglesia se encuentra el Retablo de la Madre de Dios y Sant Jordi, gótico catalán de finales del s.XIV y atribuído a Lluís Borrassà, pintor de la Corona de Aragón. Consta de dos elementos básicos: la parte central con escenas de sus dos protagonistas y motivos a los lados en los que se representan fragmentos de la vida de ambos siguiendo una unidad narrativa. Arriba está la crucifixión, en los lados aparecen diversos santos y en la base imágenes de Santa María Egipciaca, la Virgen de los Dolores y Sant Francesc. La fachada de la iglesia es austera: tiene portada de medio punto de origen románico y un rosetón arriba. Dentro hay una sola nave y un ábside cuadrado, de influencia cisterciense. Las capillas laterales, de los s.XIV y XV, tienen enterradas a personas importantes, como Bernat de Castellet, muerto en la conquista de Cerdeña y representado vestido de caballero en un lado del sepulcro y de franciscano en el otro.

Al lado de la iglesia de Sant Francesc encontramos el antiguo Hospital de Sant Pere, con curiosos detalles en la fachada (escudos y gárgolas).

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Museo del Modernismo Catalán


En la calle Balmes, 48 de Barcelona se encuentra en el lugar donde antes hubo unos almacenes textiles, el Museo del Modernismo Catalán. Es un edificio proyectado por Enric Sagnier entre 1902 y 1904. En la planta que da a la calle y también en el sótano abovedado, alrededor de 1.000 metros cuadrados en total, asistimos al desfile de maravillas de Antoni Gaudí, Ramon Casas, Josep Llimona, Joan Busquets, Gaspar Homar, Joaquim Mir y Eusebi Arnau, entre otros autores que supieron dar con sus muebles, cuadros, esculturas, vidrieras y espejos un aire de distinción en las casas burguesas catalanas de principios del s.XX. Sillas, mesas, biombos, vitrinas, camas, paragüeros dan paso a una zona más íntima donde se pueden apreciar cuadros como Dos niñas riendo (Pere Borrell del Caso, 1880) o Las cuatro estaciones (Gaspar Campos, 1907). Los secretos de los cuadros aparecen descubiertos gracias a la técnica de la reflectometría infrarroja, que permite ver la idea del boceto y la evolución de la obra con los retoques. La escultura de terracota policromada Herido (Enric Clarasó, 1903) que muestra a un niño con la mirada baja es una pequeña gran joya.

martes, 10 de diciembre de 2013

Vinseum



El Museo de las Culturas del Vino de Cataluña (Vinseum) de Vilafranca del Penedès (Barcelona) es un recorrido documental y espiritual por el mundo del vino, desde la historia de esta industria hasta la explicación de los trabajos del campo, pasando por las herramientas, las clases de uvas, las copas de las mesas y el arte que rodea al placer de beber. Museo reinventado y actualizado, desde el año pasado tiene un nuevo lavado de cara, siempre en el majestuoso edificio del Palacio Real (edificio gótico del s.XIII, con restos del XII, donde vivió y murió el rey de Aragón Pedro III), esta vez con la agradable incorporación de una taberna en su patio donde beber un vino acompañado de una tapa. Unas semillas de uva del s.VII a.C. encontradas en Avinyonet en un yacimiento ibérico dan fe de la antigüedad de esta cultura en la comarca del Penedès. Con un contenido interactivo en el que pulsas en tu ipod el número de lo que quieres que te expliquen y exposición de vídeos con efectos especiales, la visita a este museo se hace grata y sugerente. Lo mejor de todo es que, al final, te invitan en la taberna a una copa de vino.

lunes, 2 de diciembre de 2013

El Cangrejero


Cangrejero y Mahou juntos desde 1937, dice un cartel en el interior de este entrañable bar de la calle Amaniel, 25. En aquellos tiempos debió de ser un sencillo despacho de aperitivos en el que se vendían cangrejos, camarones y gambas en cucuruchos de papel de estraza, estrategia comercial muy bien pensada porque al lado estaba la fábrica de cerveza Mahou. El 13 de mayo de 1965, una vez que la fábrica de cerveza se hubo trasladado al Paseo Imperial, se funda un bar con todas las de la ley: barra de aluminio, agua de Seltz, banderillas, cañas y sol y sombra. Tienen marisco del bueno ( percebes, cigalas, nécoras) y latas de conservas de calidad (sardinas, zamburiñas, mejillones, anchoas, berberechos). Un trozo de azulejo verde enmarcado recuerda el significado que la antigua Mahou tuvo para el local, decorado con una extensa colección de jarras de cerveza que llena sus estanterías.

Sin embargo, el principal motivo por el que hay que ir al Cangrejero es la deliciosa ración de boquerones en vinagre que sirven: todo un placer para los sentidos que no hay que perderse por nada del mundo.