Entre el 20 y el 30 de noviembre de 1939 un ceremonioso cortejo a pie recorre 467 kilómetros entre Alicante y El Escorial. Son legionarios que llevan a hombros una caja de ébano sobre un catafalco forrado de terciopelo negro que contiene los restos de José Antonio Primo de Rivera, fusilado dos años antes. Es el primer gran acto de la puesta en escena del franquismo. Al mismo tiempo, personas anónimas o poco conocidas viven en aquellos días la incertidumbre de su propio destino: refugiados en campos de concentración, prisioneros de guerra que trabajan picando piedra, escritores, anarquistas, maestros depurados, muchachas violadas, comunistas, cantantes incómodos, gente con ideas libertarias o presos que escriben versos en papel de fumar. Paco Cerdà (Genovés, Valencia, 1985) es periodista. Autor también de 14 de abril y El peón, con Presentes ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa 2025.
"Una marea fascista y popular, uniformada y de particular, recorre el paseo marítimo. Es día de luto nacional. Han cerrado escuelas, institutos, universidades, oficinas públicas, comercios. Rezan el rosario en cada pueblo, los cuarteles disparan salvas, en las iglesias celebran misas de recuerdo con los estandartes de Falange en el presbiterio. En las cruces de caídos depositan flores, doblan a muerto las campanas de toda España, las enfermeras afiliadas llevan brazalete negro. También se canta el caralsol y leen la Oración de los Caídos que ha escrito Sánchez Mazas: Señor, acoge con piedad en tu seno a los que mueren por España y conservanos siempre el santo orgullo de que solamente en nuestras filas se muere por España y de que solamente a nosotros honre el enemigo con sus mayores armas."

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