miércoles, 15 de abril de 2020
Derrumbe
Derrumbe: hundimiento de una cosa que está levantada o en equilibrio. Los viejos conceptos sobre la seguridad en la vida se están derrumbando. Lo que creías establecido (salud, relaciones sociales, medicina, libre circulación de personas, consumo, ocio, trabajo, seguridad económica) parece ser que está en una cuerda floja en la que los dos platos de la balanza tienen que pesar lo mismo. Si quieres que uno se mantenga, del otro tienes que quitar.
Si todo esto raro que está pasando ahora se supera, nadie va a quitarle a la gente el miedo a que ocurra otra vez pronto: en unos meses, en unos años, cuando todos seamos ancianos y estemos muy bien instalados en una residencia. Si esto ha venido así a lo tonto (¡desde un mercado de animales en China!), ¿quién nos asegura que no haya una amenaza pronto desde una central nuclear de Rusia o una fábrica química de Brasil?
De repente, un avión y Sídney (la vida era maravillosa) cambia a De repente, tienes fiebre y te mueres (la vida es imprevisible). Muchos sueños se derrumban. Por eso hay que soñar en pequeño: Hoy me levanto y me encuentro bien.
martes, 14 de abril de 2020
Roble
En los desiertos hay robles que no son como los nuestros. Son de otra clase, de otra forma, con otras hojas: están acostumbrados a poca agua, y sobreviven en una tierra que parece arena. ¿Así será nuestro futuro? ¿Seremos los mismos en un desierto de besos, abrazos, conversaciones, apretones en los bares, susurros en las confidencias? Dicen los expertos que durante los próximos meses la gente tendrá miedo a la gente: al cruzarse en una acera, al acercarse alguien para hacer un comentario, la duda ante el saludo, el asiento de al lado en el metro.
Las relaciones sociales cambiarán, es lo que ya nos temíamos y ahora se está cumpliendo: proliferará la amistad digital en vez de quedar en una cafetería a tomar algo. El Gobierno se ha empeñado en enseñarnos lo bien que se está en casa y, a la larga, puede que tengan razón: en la casa no se tose, no se estornuda, no se ríe, no se canta, no se baila, no se huele la piel de un extraño, no se alza la voz, no sale desorbitado el aliento. No hay nada más triste que tomarse una copa de vino de pie en la cocina.
En la calle (esa calle a la que da pánico salir porque en ella están concentrados todos los males del mundo) te juegas la vida. A no ser que tengas suerte: que seas un roble del desierto.
lunes, 13 de abril de 2020
Desfiladero
Luz al final del túnel. Después del tiempo oscuro parece ser que, avanzando por el desfiladero, veremos un cielo azul maravilloso. Parece ser que así será. Lo que no está claro es la distancia que todavía tenemos que recorrer. Según con qué perspectiva se mire, parece cerca. Luego andas y andas y te das cuenta que todavía queda un trecho. Pero verdaderamente anima lo que hay al final (salir a un mundo luminoso después de vivir en las tinieblas).
La actitud ante el cielo azul limpio será muy subjetiva: siempre conoceremos circunstancias cercanas de dolor y tristeza (en algunos casos muy desoladoras) que enturbiarán la felicidad. Pero, ¿no es esto la vida y nadie se preocupa de explicarlo?. La vida es enfermedad, soledad, ira y desconsuelo. Y alguna que otra tarde de sonrisas y paseos por la naturaleza. Todo lo demás, un cuento chino.
Solo queda llorar y rezar. Porque nadie se va a preocupar de explicarnos este cuento chino que estamos viviendo. Solo sobrevivirán los más fuertes (físicamente y mentalmente). Las consecuencias psicológicas de estos días (si tienes la suerte de seguir vivo) van a ser abrumadoras.
domingo, 12 de abril de 2020
Aprender
Los días y el tiempo pasan en el encierro de la individualidad: otra raya más que marcamos en la pared. El contacto físico con las personas se nos está olvidando, las comunicaciones verbales por palabras escritas o pronunciadas continúan, pero los abrazos ya no. Una semana, y otra, y otra. Parece mentira que el tiempo pase tan rápido. Mientras nosotros no nos hemos movido de la espera.
Nosotros los privilegiados, que hemos ocupado el interior de los refugios del campamento. Los otros han tenido que salir a la lucha: protegidos y con miedo, asegurando que no falte de nada en las cómodas casas del siglo XXI. La vida del mundo siempre ha sido así, unos que trabajan para que otros descansen. Pero ahora se está comprobando qué profesiones verdaderamente importan, qué profesiones son perfectamente prescindibles.
Tiempo de reclusión en el que hemos podido pensar en nuestra posición en el mundo. Lo que representamos para los que nos rodean. Nuestros proyectos, nuestras ilusiones, nuestra libertad de hacer lo que queramos. Esta es una situación perfecta para aprender de nosotros mismos.
sábado, 11 de abril de 2020
Marrón y verde
Cuando un árbol en un desierto tiene hojas, solo queda admirar el milagro de la naturaleza de permitir que, con poca lluvia, la vegetación sobreviva. Junto a una roca marrón, un puñado de plantas verdes. Es el ciclo de la vida. ¿Volverá el tiempo verde después de toda esta temporada marrón que estamos viviendo? Los expertos dicen que sí, que se reanudará la vida normal (aun con precauciones) y que volveremos a ser los de siempre: volverán las excursiones, y los bares, y las reuniones familiares, y los vagones de metro repletos de personas. Cuando nos crucemos con alguien en la acera, ¿cómo reaccionaremos?
Estamos perdiendo este mes de abril en un encierro que ni siquiera nos está permitiendo ver caer la lluvia al otro lado de la ventana. Ni en eso el clima ha tenido el detalle. Si por lo menos los días de fuera trajeran agua, la mente estaría entretenida en imaginar unos paisajes frondosos, un aire limpio, unos campos rejuvenecidos.
La Tierra está enfadada con los Humanos y le está dando unos mensajes que, posiblemente, nadie quiera interpretarlos, entretenidos como estamos en esperar una hora en una cola de supermercado con el móvil en la mano buscando esperanzas tristes, milagros absurdos, soluciones emocionales. Todo es marrón y escarpado, una roca imposible de escalar, un camino cuesta arriba que dificulta la respiración.
viernes, 10 de abril de 2020
Cueva
Son días de vivir dentro de la cueva y si, por un casual, tienes que salir a plena luz, la cantidad de horrores que te puedes encontrar allá fuera, no compensa la felicidad que produce la libertad. Todos los males del mundo están viajando en el aire y en las superficies, en las conversaciones y en lo que te depare lo que haya a la vuelta de la esquina. Y en el roce con otro cuerpo humano. De repente, el triángulo misterioso de la cueva es la protección más evidente ante la peligrosa amenaza. Es como cuando de pequeño te refugiabas en las sábanas y mantas de tu cama y te tapabas hasta la cabeza para no querer desprenderte de tu territorio de intimidad.
Y es que si sales, te contagias. Por eso el cobijo de tu intimidad (por muy oscuro que parezca) es la metáfora perfecta para salvarte de lo que, dicen, todavía se mueve por las calles. Y por las estanterías de los supermercados, y por los bancos de las estaciones de metro, y por las baldosas de una acera, y por las teclas de los números de un ascensor, y en el pomo exterior de la puerta de tu casa.
Voy a salir lo menos posible de mi cueva, por si acaso. (¿Hasta cuándo tendremos en el cuerpo metido este miedo: una semana, un mes, un año, toda la vida ya...?)
jueves, 9 de abril de 2020
Oscuridad
Tras la oscuridad se encuentra la luz. Una luz que se necesita como agua de mayo (justamente) para que las ramas secas de los árboles vuelvan a brotar. Es preciso sol, es urgente lluvia, es de primeros auxilios que la gente vuelva a estar alegre. Seguimos esperando que la lista de muertos sin explicación desacelere su ritmo. Seguimos esperando que el tiempo pase para que salir a la calle sea una actividad cotidiana, pero estos días amargos se están haciendo muy largos. Y lo peor de todo es que no podremos olvidar. No podremos olvidar esto que ha pasado y que no se sabe quién nos lo podrá explicar algún día.
Porque en todas las familias hay un ser que se ha ido, una persona que ha estado sufriendo y otras tantas también por no poder verlo. Un adiós sin posibilidad de despedida.
Hay que aguantar, dicen. Pero lo mas inquietante de esta situación que estamos viviendo es que la medicina y la ciencia no saben dar una respuesta. Se nos había olvidado que la vida es eso que te ocurre mientras no estás enfermo. Eso que pasa fuera de los hospitales y de las residencias de ancianos, eso que está más allá de gente trabajando envuelta en plásticos. Aire, sol, lluvia, campos. Tras la oscuridad parece que volverán.
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