Monte Uluru

Monte Uluru

jueves, 9 de abril de 2020

0scuridad




Tras la oscuridad se encuentra la luz. Una luz que se necesita como agua de mayo (justamente) para que las ramas secas de los árboles vuelvan a brotar. Es preciso sol, es urgente lluvia, es de primeros auxilios que la gente vuelva a estar alegre. Seguimos esperando que la lista de muertos sin explicación desacelere su ritmo. Seguimos esperando que el tiempo pase para que salir a la calle sea una actividad cotidiana, pero estos días amargos se están haciendo muy largos. Y lo peor de todo es que no podremos olvidar. No podremos olvidar esto que ha pasado y que no se sabe quién nos lo podrá explicar algún día.


Porque en todas las familias hay un ser que se ha ido, una persona que ha estado sufriendo y otras tantas también por no poder verlo. Un adiós sin posibilidad de despedida.


Hay que aguantar, dicen. Pero lo mas inquietante de esta situación que estamos viviendo es que la medicina y la ciencia no saben dar una respuesta. Se nos había olvidado que la vida es eso que te ocurre mientras no estás enfermo. Eso que pasa fuera de los hospitales y de las residencias de ancianos, eso que está más allá de gente trabajando envuelta en plásticos. Aire, sol, lluvia, campos. Tras la oscuridad parece que volverán.


miércoles, 8 de abril de 2020

Herida




Una herida es una lesión producida en el cuerpo como consecuencia de un golpe o roce, muchas veces acompañada de dolor y sangre. Si te das un porrazo, ahí se te queda la marca por un tiempo (generalmente breve, si tienes suerte de que cicatrice pronto). Luego hay otro tipo de heridas menos evidentes: las del alma. No se ven, pero se sienten. Una pena que se queda dentro, una angustia de vivir que te ahoga, que te dificulta el día a día. Heridas que no te dejan ganas de hacer nada. Entonces te abandonas, te arrastras, te dejas llevar por la más absoluta de las tristezas.

Ahora vivimos tiempos de heridas: familiares lejanos, enfermos esperando, muertos que completan estadísticas (nombres y apellidos conocidos con más o menos cercanía). Se viven duelos individuales y pocas explicaciones (dependiendo de si tu patología es compatible o no).

No hay motivos para la alegría: no se puede estar feliz cuando en el recuento de cifras diario puedes estar más o menos cerca de alguien fichado para siempre ya en los datos: todos estamos relacionados con todos. Es el castigo por estar vivo, es lo que pasa con los besos y los abrazos y los apretones y las conversaciones apasionadas. Después de todo esto, habrá que vivir de otra manera. Posiblemente peor. Dicen los que entienden que esto nos hará plantearnos muchas cosas. Pero, ¿la herida de una roca se cura con algo?

martes, 7 de abril de 2020

Incertidumbre




Tierra roja de sangre, de dolor y de muerte. Y mustia vegetación. Muy poca lluvia, muy poco viento fresco y rejuvenecedor. La vida hoy es un desierto de soledad individual y colectiva. Caminamos no se sabe muy bien hacia dónde. Hacia la supervivencia. ¿Estás bien?, te dicen. Lo demás no importa. Hay que esperar a que los alientos envenenados (inconscientemente) ya no se acerquen. Hay que esperar a que pasen los días (al fin y al cabo, es lo que habitualmente se suele hacer: esperar a que acabe la jornada de trabajo, esperar a que llegue el fin de semana, las vacaciones de verano, otro cumpleaños más, una amistad reencontrada o un familiar cercano).

Esperar y, cuando llega el momento y pasa, volver a esperar hasta la próxima ocasión. ¡Hasta pronto!, piensas. Y el ciclo de la vida continúa. Por eso cuando el trabajo, el fin de semana o el abrazo con el familiar cercano no llegan, te sientes desalojado de tu identidad, y te vuelves otro.

Otro que camina arrastrando los pies por la arena, enredándose en los hierbajos o perdiendo el equilibrio en cada paso, porque todo se ha descolocado: todo este desierto nunca terminará. El futuro se antoja desconfiado y volátil. Se pondrán remedios, pero la incertidumbre de los alientos nos acompañaré siempre.


lunes, 6 de abril de 2020

Campamento



Soy yo, y los demás a mi alrededor. Soy un pozo de agua, y lo que me rodea es el campamento que me acompaña. Mi soledad tiene línea directa con la soledad de otros a un metro, a dos o a tres (según las distancias que se tengan que marcar). Mi aliento (mi aire húmedo que viaja) puede contener veneno, o no. Esto nadie me lo había advertido cuando llegué aquí. A este desierto de arena roja y piedras marrones. El aliento de los demás (palabras, sentimientos, amor) puede transmitirme una nube de enfermedad y muerte. La Madre Tierra está enfadada y si alguien abre la boca, puede ocurrir una catástrofe.

Respirar (lo más hermoso de la vida) se ha convertido, de repente, en un artículo de lujo. Lo que pudiera parecer normal, ahora mismo es un tesoro y una suerte. Un beso y un abrazo (la cercanía del otro) es hoy un peligro y un desconcierto en el que concurren todos los miedos del universo.

El proceso natural de la vida muchas veces se altera por un desequilibrio que te trastoca los valores que tenías grabados como evidentes. Todo es relativo. Ya no hay mañana, solo un páramo de angustia y desolación. En el que sobrevivirán los más fuertes. Soy un punto pequeño y muchos círculos a mi alrededor que me definen.

domingo, 5 de abril de 2020

El Tiempo del Sueño




En el principio, no había nada. La vida era una masa embrionaria inmensa. Entonces, los Seres Totémicos Espirituales se pusieron a trabajar. Era el Tiempo del Sueño y por eso, soñando, apareció el fuego, y luego el aire, y luego la lluvia, y después el pez, y la tortuga, y el lagarto, y el águila. El sueño continuó en la zarigüeya, y en el canguro, y en el hombre. Moviendo desde el sueño a las acciones, los ancestros crearon las plantas y las montañas. Todo fue creado desde la misma materia, todo está relacionado: la trayectoria de una hormiga, la caída de la rama de un árbol o la grieta que surge en una roca. Porque todo viene del Alma, algo anterior incluso a la existencia del ser humano.

El hombre comprendió el sueño y empezó, a su vez, a soñar. Y soñó que contaría el secreto a sus descendientes: la Tierra es sagrada y el hombre debe ser su protector. La creación es continua y se da en el presente eterno y en el real: la Tierra está viva porque la eternidad es, justamente, ahora. Vivimos a medio camino de dos corrientes: la actividad diaria y el Tiempo del Sueño (más real que la realidad misma) en el que los valores, los símbolos y las leyes explican lo que somos.

Hay que mantener la Tierra como estaba el primer día. Nuestro bello mundo ha sido creado de acuerdo con el poder, la sabiduría y las intenciones de nuestros antepasados.




lunes, 16 de marzo de 2020

Mihai Dascalu


El pintor rumano Mihai Dascalu presenta dos cuadros en la muestra de Arte Naïf Europeo inaugurada el pasado 12 de marzo de 2020 en la Galería Éboli de Madrid (Plaza Ramales s/n) y cerrada hasta nuevo aviso. 46 pintores de 13 países europeos (más Brasil como país invitado y sus 9 pintores), ofrecen un abanico de temas, técnicas y modos de mirar la vida por las ventanas de sus amables cuadros.

Dascalu nace (en 1960) y vive en Oradea, una de las ciudades con más encanto de Rumanía (donde a partir del 26 de junio de este año se celebrará, así mismo, el Salón Internacional de Arte Naïf que él organiza) y desde allí lanza al mundo sus estampas de personajes festejando la alegría de vivir en bares, plazas, jardines o bosques. Para él, el arte naïf es hermoso, sincero y honesto, además de no hacer daño al alma: algo así como alguien con quien te encanta hablar y no puedes olvidar.

En la foto, su obra "El oso y la cabra".

martes, 10 de marzo de 2020

Santorcaz


Entre 1971 y 1974, Santorcaz (Madrid) fue el plató real de rodaje de la serie de televisión "Crónicas de un pueblo", donde se presentaban los dichos y los hechos de la España profunda: el maestro, el alcalde, el cura, el cartero, el alguacil, el dueño del bar, el conductor del autobús y el barrendero. Hoy día, Santorcaz, situado a 50 kilómetros de Madrid, luce espléndida su iglesia de San Torcuato, integrada en el espacio del castillo de Torremocha, al que se accede por un arco medieval. Este castillo fue residencia de verano de los arzobispos de Toledo. Actualmente Santorcaz tiene más de 800 habitantes y, en su origen, fue asentamiento carpetano, allá por el s.III a.C. El castillo es del s.XIV, sobre edificaciones de dos siglos antes. La historia dice que aquí estuvieron encerrados el cardenal Cisneros y la princesa de Éboli.

La iglesia tiene un retablo renacentista del s.XVI y un pórtico neoclásico del XVIII. Se conserva parte de la trama de la muralla, que llegó a tener siete torreones, alguno de los cuales todavía se mantiene en pie.