Río Duero

Río Duero

jueves, 21 de agosto de 2014

Momentos y personas


San Antonio, San Juan y San Pedro. Los santos populares portugueses cuyas fiestas tuvimos la suerte de percibir de alguna manera en los olores, los sabores, los colores y las conversaciones de la gente de la calle en nuestra visita al país del bacalao y de la ternera, del vino verde y del oporto, de las tartas de galleta y de los postres de huevo. Portugal del imperio romano y de las iglesias barrocas. De las cuestas de Oporto y de la ciudadela de la fortaleza de Braganza. De los campos de viñas al lado del Duero y de los grabados de animales en las rocas del valle del Côa. Portugal de los castillos medievales y de los museos de pintura y escultura. Los cafés y las cervezas. Las aceitunas y la mantequilla. La escalera de madera de la librería Lello y los retablos dorados de la iglesia de San Francisco de Guimaraes. Las guirnaldas de las calles comerciales de Viana do Castelo y el mercadillo al lado del río en Amarante.

"El valor de los sentimientos no depende del tiempo que duran, sino de la intensidad con que ocurren. Por eso hay momentos irrepetibles y personas inolvidables".
Fernando Pessoa.

Momento: En Vila Nova de Gaia, frente a Oporto, al lado del Duero, empiezan a desfilar grupos de vecinos de los pueblos de alrededor llevando en sus ropas, en sus adornos, en sus canciones y en su manera de moverse al son de la música, una alegría natural que no habíamos visto en mucho tiempo. Persona: La chica que nos llevó en el jeep a la Canada do Inferno a descubrir los grabados del paleolítico tenía una profesionalidad, un entusiasmo, una sencillez y un encanto sincero que nos dimos cuenta que ese viaje dentro del viaje había sido un auténtico regalo.

martes, 19 de agosto de 2014

Vila Nova de Foz Côa


En nuestro viaje por las cinco provincias del norte de Portugal hicimos un pequeño epílogo (nos pillaba de regreso) entrando en la sexta: Guarda. Allí nos esperaba el Sitio de Arte Rupestre Prehistórico del Valle del Côa, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998. De esta forma, visitamos la ciudad de Vila Nova de Foz Côa: una Catedral del s.XVI con una fachada manuelina de granito (foto) con arquivoltas y escudos y decoración vegetal coronada por tres campanas. En el interior, tres naves con techo de madera pintada sostenido por columnas con capiteles tallados. En la plaza de la Catedral, el Ayuntamiento y un pelourinho (picota), símbolo del poder de la justicia muy habitual en otras ciudades portuguesas. La Rua da Varanda tiene pared que era la antigua muralla medieval. Una señora nos abrió la puerta de una capilla donde estaba la imagen del Senhor dos Passos. Vila Nova de Foz Côa es una ciudad rica en almendros, olivos y viñas. En el restaurante AldeiaDouro degustamos un exquisito bacalao con miga de pan sobre puré de patata y garbanzos en aceite de ajo confitado, acompañado de un Palato de Côa, vino blanco Douro.

A las afueras, el impresionante Museo de Côa inaugurado en 2010 (en las confluencias de los ríos Côa y Duero), con seis salas que explican un arte de hace 25.000 años: dibujos en las superficies verticales de las rocas a lo largo del valle del Còa usando la técnica del grabado. Generalmente figuras de animales de unos 40 centímetros con técnicas de punteado o de rayado de la época del paleolítico y de la edad de hierro, obras que se pueden visitar con guía concertando previamente la excursión. Nosotros visitamos Canada do Inferno, una impresionante galería de arte al aire libre.

sábado, 16 de agosto de 2014

Vila Real


Unos días después de San Juan, los tilos de Vila Real desprendían un olor perfumado. Esa fue la primera impresión que nos causó nuestra entrada a esta ciudad que tiene tres edificios religiosos de interés: la Catedral (de estilo gótico tardío, con reformas desde su iglesia inicial de los dominicos del s.XV), la Capilla Nueva (conocida también como Clérigos) y la iglesia de San Pedro. Dos museos contribuyen a que te vayas de allí con una idea de donde has estado: el Museo de Vila Velha (con piezas arqueológicas y, en esos momentos, con una exposición de pintura de Nadir Afonso) y el Museo de Numismática (con una amplísima colección de monedas). En Casa Lapao puedes probar los deliciosos dulces de allí: nosotros nos decidimos por las tigelinhas de laranja, aunque la chica que nos atendió tuvo la gentileza de darnos a probar las cristas de galo. En Terra de Montanha te sientan para cenar dentro de unas cubas enormes de vino. Un salpicao (fiambre), un bacalao de la casa (presentado en un cuenco, desmenuzado y oculto bajo una cumbre de puré de patata) y unos papos de anjo (dulce almibarado de huevo), con un vino Esteva (Douro), sale por unos 21 euros.

A 2 km. se en cuentra la fascinante mansión Casa de Mateus, construcción barroca del s.XVIII, mandada edificar por António José Botelho Mourao y que sustituía a una anterior y donde te enseñan la casa, la capilla, los jardines y la bodega. En Casa Conde, al otro lado de la carretera, nos prepararon una deliciosa ternera a la que acompañamos con una botella de vino Mateus, rosado, burbujeante, fresco y afrutado (como no podía ser de otra forma).

viernes, 15 de agosto de 2014

Amarante


A principios del s.XIII el dominico Gonzalo después de viajar por Roma y Tierra Santa, se establece en un convento a las orillas del Támega después de echar a su sobrino con el que no se llevaba bien. Dedica su vida a la oración y a los pobres y en 1540 el rey Juan III funda el espectacular monasterio de San Gonzalo, con dos fachadas renacentistas y una barroca, y con las esculturas de los reyes de Portugal a modo de escaparate. Un claustro y la capillita donde está enterrado el santo completan la visita. El puente que cruza el río también lleva el nombre de San Gonzalo (símbolo de resistencia del general Silveira a las tropas napoleónicas en 1809)). Al lado, el Museo Municipal Amadeo de Souza-Cardoso (pintor precursor de las vanguardias del s.XX, desafortunadamente fallecido a los 30 años), completa un conjunto muy agradable de recorrer, ya que son las propias dependencias del monasterio, incluído el segundo claustro.

En Quelha puedes pedirte un bife de ternera, un dulce de calabaza y un vino verde por 10 euros. La iglesia de San Domingos (barroca del s.XVIII con decoración de tallas doradas) y el Solar de Magalhâes (palacio señoral del s.XVI destruído por los dichosos franceses y conservado como tal) completan el paseo por esta encantadora ciudad, de la que no puedes marcharte sin entrar a la Confitería Do Ponte y pedir lérias y foguetes y los dulces en forma de pene que, para no alterar las conciencias, están dedicados al famoso san Gonzalo.



lunes, 11 de agosto de 2014

Viana do Castelo


Antes de entrar a Viana do Castelo, resulta muy agradable subir hasta el Monte de Santa Lucía para visitar el templo del Sagrado Corazón (s.XX) y contemplar desde allí las vistas de la ciudad. La catedral es del s.XV y tiene en su portada seis esculturas de apóstoles, presentando un aspecto macizo, con dos impresionantes torres a los lados. La Casa de los Nichos es de la misma época y tiene esculturas góticas en la fachada (funciona como museo arqueológico). La iglesia de la Misericordia (foto) es del s.XVI y tiene influencias italianas y flamencas en su fachada con varandas. Dentro son maravillosos los frescos del techo pintados por Manuel Gomes.

En Maria de Perre te ofrecen unos entrantes (pasteles de carne y croquetas de bacalao), una lubina (Viana mira al Atlántico), un vino verde Muralhas de Monçao y, de postre, una rabanada (una especie de torrija con frutos secos picados encima). Todo por 20 euros. La iglesia de San Domingo, del s.XVI, tiene unos bellos altares de talla dorada y el Fuerte o castillo de Sao Tiago de Barra fue edificado en tiempos del Manuel I (el de los elementos arquitectónicos manuelinos). No hay que irse de Viana sin entrar en la confitería Natário y pedir una bola de Berlim acompañada de una copita de Oporto.

domingo, 10 de agosto de 2014

Braga


En vísperas de San Juan, la ciudad de Braga se engalana de guirnaldas y farolillos además de colocar luces por la noche en la fachada de la Arcada, frente a la Plaza de la República (justo donde está el histórico Café Vianna, de 1858)). La antigua Bracara Augusta (fundada por Augusto en el año 16 a.C) de los romanos muestra orgullosa su esplendoroso pasado: las Termas Romanas (s.II), la Fuente del Ídolo (santuario rupestre del s.I) y todo lo que está dentro del Museo Diego de Sousa. La catedral es del s.XI (lo poco que queda) y con una visita guiada puedes ver una serie de capillas (la de San Geraldo tiene la tumba de un arzobispo), subir al coro y visitar el museo (donde ver los zapatos con tacón del citado arzobispo que era muy bajito).

Las calles de la ciudad se enmarcan en el Arco de la Porta Nova. Los Jardines de Santa Bárbara, detrás del antiguo Palacio Episcopal, es uno de los rincones más bucólicos. No hay que perderse una visita a Frigideiras do Cantinho, que es una casa de hojaldres de carne picada del s.XVIII, restaurada de tal forma que encontraron restos de un domus romano en su subsuelo, que se puede ver mientras comes. En Bem Me Quer tienes un exquisito cabrito al horno y en el postre, el suculento pudin Abade de Priscos. A 5 kilómetros de Braga está el santuario de Bom Jesus, que es una excursión agradable y con una gran escalinata para subir y bajar.

sábado, 9 de agosto de 2014

Guimaraes


En Guimaraes es donde nació Portugal, dicen allí. Y es que fue el lugar de donde procede Alfonso I, el primer rey de Portugal tras las batallas y el tratado de Zamora de 1143. La Plaza Largo de Oliveira (con su baldaquino gótico, frente a la iglesia de Ntra.Sra. de la Oliveira, antiguo monasterio); el Palacio de los Duques de Braganza (del s.XV, con sus colecciones de armas y muebles y sus majestuosos salones) y el Castillo son algunos de los rincones que hay que saborear de esta bella ciudad. En el Largo de Toural puedes sentarte en el Café Milenario para contemplar el paso de la gente y, luego, entrar al primer piso del restaurante Café Oriental y disfrutar de un bacalao acompañado de una botella de vino verde Melodia.

La iglesia de San Francisco (gótica, s.XV, con fabulosos retablos dorados y una sacristía con artesonado), el Museo Alberto Sampaio, el Museo Arqueológico Martins Sarmiento (con el bello claustro de la iglesia de Santo Domingo del s.XIV), y la Plataforma das Artes e Criatividade (arte contemporáneo incluyendo la colección del pintor José de Guimaraes) son algunos de los puntos de interés que no hay que perderse.

Desde 2001, el centro histórico de Guimaraes ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad.