Barcelona

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Mercado Central



El Mercado Central de Budapest se inauguró en 1897 con un diseño de Samu Pecz en el que sobresalen sus estructuras de acero de los fundidores de Schlick y la cerámica colorada Zsolnany de Pecs. Son espectaculares sus puertas de piedra de estilo neoclásico. Destruído en la 2ª guerra mundial, en el año 1991 fue declarado en ruinas pero unos años después fue restaurado y hoy día vuelve a recuperar su antiguo esplendor. Alimentos de todo tipo llenan sus puestos. Abajo están los encurtidos, las verduras, las frutas, las carnes, las salchichas, los pimientos secos (en manojos o en botes como pimentón). Arriba están los puestos donde venden lángos (pan frito) y también un restaurante. Además de textiles y bordados. Es un verdadero placer comprar una pieza de salami Pick, todo un símbolo nacional (con su sabor ligeramente ahumado) o una latita de foie gras Gänseleber (hígado natural de ganso) de Rex Ciborum. Un paseo por este mercado nos adentra en los olores y sabores de una manera de vivir que queda por mucho tiempo acomodada en nuestros recuerdos.

martes, 29 de noviembre de 2011

Balneario Gellért

Son unos baños que datan de 1912-1918, construídos en estilo secesión, aprovechando unas aguas medicinales que se cree provienen del s.XIII. Tienen piscinas exteriores de distinta temperatura, y otra de agua termal, enmarcadas en un entorno en el que sobresalen las torres de estilo oriental. En el interior hay 3 piscinas con el agua a diferentes grados en dos partes simétricas, lo que viene a diferenciar la zona de hombres y mujeres. Saunas, cuartos de vapor, zonas de aromaterapia, habitaciones donde cambia la luz para recibir distintas sensaciones. Y por supuesto, la maravillosa piscina central de columnas que se hizo famosa en España en el anuncio de desnatados Danone de 1992. El balneario comparte edificio con el hotel Gellért, inaugurado en 1918, con aire art nouveau y se encuentra a orillas del Danubio, nada más cruzar por el puente de la Libertad desde la parte de Pest a la zona de Buda, justo en el monte Gellért, donde se encuentra la estatua del obispo Gellért (980-1046), que fue nombrado por el rey Esteban de Hungría, tutor de su hijo Imre, y que fue asesinado y arrojado en un tonel por la ladera del monte que hoy lleva su nombre. En la foto, el hall del hotel, justo antes de traspasar el torniquete hacia un mundo reconfortante, mágico, calmado, como un viaje a la belle époque.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Zapatos en la orilla del Danubio



Paseando en Budapest por la orilla del Danubio y en el espacio que se encuentra entre el Parlamento y la Academia de Ciencias, justo al borde, te encuentras con una hilera de zapatos que en una primera impresión te desconcierta su significado. Luego compruebas que son esculturas de hierro fundido pegados en el pavimento y que se trata, ni más ni menos, de 60 pares de zapatos de hombres, mujeres y niños, que conmemoran los 60 años del fusilamento de judíos cuyos cuerpos fueron tiroteados y arrojados al río por el Partido de la Cruz Flechada en los horribles años de la Segunda Guerra Mundial. Los zapatos abandonados representan a las personas que se fueron para nunca más volver. La placa lo dice en húngaro, inglés y hebreo. "A la memoria de las víctimas asesinadas y arrojadas al Danubio por las milicias del partido nazi húngaro en 1944-45. Erigido el 16 de abril del 2005".



Se trata de una obra creada por Gyula Pauer y Can Togay. Pauer (Budapest, 1941) es un artista dedicado a la realización de performances, también es pintor, escultor y actor de cine. Togay (Budapest, 1955) trabaja como director de cine y es guionista, actor, poeta y diplomático cultural.

martes, 22 de noviembre de 2011

San Saturio, 1932

20 años después de abandonar Soria, Machado regresa para recibir un homenaje que la ciudad le da justamente en la plazoleta delante de la ermita de San Saturio, al lado del Duero, en uno de sus paisajes preferidos. Es el 5 de octubre de 1932. Se le nombra hijo adoptivo de Soria. "Nada me debe Soria, creo yo, y si algo me debiera, sería muy poco en proporción a lo que yo le debo: el haber aprendido a sentir a Castilla, que es la manera más directa y mejor de sentir a España". Machado viene acompañado de su hermano José. "Mira, Pepe, éste es mi Duero, mi Duero". Se descubre una placa de mármol con el busto del poeta y, tras un breve descanso en el Ayuntamiento, enseguida abandona la ciudad. Ni siquiera visitó la tumba de Leonor.



¡Adiós, tierra de Soria, adiós el alto llano

cercado de colinas y crestas militares,

alcores y roquedas del yermo castellano,

fantasmas de robledos y sombras de encinares!



En la desesperanza y en la melancolía

de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,

por los floridos valles, mi corazón te lleva.



(Poesías completas, 1917)

lunes, 21 de noviembre de 2011

El Espino



Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo

algunas hojas verdes le han salido.



¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.



No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.



Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.



Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.



Antonio Machado escribe el poema A un olmo seco el 4 de mayo de 1912, poco después de editarse Campos de Castilla. De alguna forma, estas palabras manifiestan la lucha del poeta contra el destino que parece evidente le va a traer la pérdida de Leonor. Tras la misa en la Mayor, cuesta arriba, el cadáver es conducido hasta el alto cementerio de El Espino. La Iglesia de Nuestra Señora del Espino, templo plateresco del s.XVI, se encuentra pegada al cementerio, donde descansa para siempre la tumba de Leonor Izquierdo. Y donde se recuerda el poema justo al lado de un olmo viejo y seco.



Es una tarde mustia y desabrida

de un otoño sin frutos, en la tierra

estéril y raída

donde la sombra de un fantasma yerra...



(Un loco, El Porvenir Castellano, 27 de enero de 1913)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Estudios, 4

Antonio Machado y Leonor Izquierdo se casan en 1909 y se van de viaje de luna de miel hacia el norte, en concreto pasan unos días en Fuenterrabía. Cuando regresan a Soria, los padres de Leonor deciden que, para que la joven pareja de recién casados pueda disfrutar de momentos de intimidad, sería mejor que se trasladaran a una vivienda independiente fuera de la pensión de Estudios, 7. La casa la encuentran muy cerca, justo enfrente: Estudios, 4. Pero esta casa la utilizan poco, en múltiples ocasiones prefieren encontrar el hogar familiar de la pensión y la compañía de los padres. En julio de 1911 la pareja está en París, frecuentando la amistad de Rubén Darío y su compañera Francisca Sánchez, cuando le diagnostican tuberculosis a Leonor. Durante mes y medio permanece hospitalizada y los médicos recomiendan su traslado a Soria por ver si el aire puro lograba cambios en su salud. Recién llegada a la ciudad castellana, la vitalidad de Leonor parece mejorar, pero con la llegada del invierno soriano se pone peor, por lo que en la primavera siguiente Machado decide alquilar una casita en el Paseo del Mirón (hoy desaparecida) . Pero Leonor no mejora y el 1 de agosto de 1912 muere. Hacía poco que había cumplido 18 años.

Allá en las tierras altas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando en sueños.
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco. Dame
tu mano y caminemos.
Por estos campos de la tierra mía
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo
triste, cansado, pensativo y viejo.
(Cantares y Proverbios)
-En 1913 paseando su soledad por el valle del Guadalquivir, Machado rememoraba sus recuerdos de Soria.-

jueves, 17 de noviembre de 2011

Estudios, 7

En diciembre de 1907 cierran la pensión por cese de negocio Isidoro Martínez y Regina Cuevas, que estaba situada en la calle del Collado esquina Instituto (donde ahora está el bar Torcuato). Los huéspedes se trasladan a otro establecimiento, que regenta la hermana de Regina, Isabel Cuevas, una vez jubilado su marido, Ceferino Izquierdo, como guardia civil en Almenar y que se han trasladado a Soria para empezar una nueva vida junto a sus tres hijos: Leonor (13 años), Sinforiano (10) y la pequeña Antonia, de corta edad. La nueva pensión está muy cerca, incluso todavía a menos distancia del Instituto donde Machado da clases: en la calle Estudios, 7 (esquina Teatinos). Dos minutos andando. El poeta es nombrado vicedirector del Instituto y empieza a colaborar con la prensa local con artículos sobre el concepto de patria y, en Tierra Soriana, avances de su inminente libro Soledades. Galerías. Otros poemas. (nueva edición del libro de 1903). Machado tiene la oportunidad de compartir instantes con la hija de la dueña de la pensión, la joven Leonor, verla crecer y sentirse alagado por apreciar sus poemas. Según José Tudela (investigador del folklore y las tradiciones sorianas), "Antonio era alto, corpulento, fuerte, reposado y de familia burguesa, y Leonor era baja, menuda, muy femenina, nerviosa y de familia humilde". La pareja se casaría en 1909. De la antigua pensión no queda nada: un nuevo edificio sin gracia alguna, en cuyos bajos encontramos hoy la Bocatería Tito.

El Liberal, el 1 de febrero de 1908 publica un poema sin título que luego aparecería en Campos de Castilla cuando se publique en 1912.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

mi historia, algunos casos que relatar no quiero.

Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido

-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-

mas recibí la flecha que me asignó Cupido

y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,

pero mi canto nace de manantial sereno;

y más que un hombre al uso, que sabe su doctrina,

soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

(Campos de Castilla)

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Leonor




Leonor Izquierdo Cuevas nació el 12 de junio de 1894 en Almenar de Soria, ya que era hija del sargento de la guardia civil Ceferino Izquierdo destinado en el cuartel situado justamente en el Castillo de Almenar (a 18 kilómetros de la capital). Su madre era Isabel Cuevas, la patrona de la casa donde se hospedaría Machado a partir de 1908. Leonor tenía 13 años cuando el poeta la conoció y tuvieron que esperar a que cumpliera 15 para que se pudiera casar -edad legal y con permiso paterno-, concretamente el 30 de julio de 1909 en la iglesia de La Mayor. Las crónicas de la época cuentan que fue una ceremonia en la que destacaba fundamentalmente la diferencia de edad de los contrayentes: Antonio tenía 34 años. Leonor era una chica morena pero pálida, con unos ojos profundos y oscuros y una mirada "como la de una gacela sorprendida", según palabras de Mariano Granados, que en aquella época fue alumno de Machado y observaba cómo la niña soñaba desde el balcón con los versos del poeta tal vez para huir de la realidad autoritaria del padre. Se van de luna de miel a Zaragoza, Pamplona, Fuenterrabía y Madrid. En enero de 1911 se cumple uno de los sueños de la joven Leonor: conocer París. Se instalan en la capital francesa gracias a una beca que le concede el Ministerio de Instrucción Pública y allí permanecen felices unos meses hasta que en el mes de julio Leonor vomita sangre y, visitada por los médicos, le diagnostican tuberculosis. Tienen que volver a Soria (con el dinero que les prestó el poeta y amigo Rubén Darío) y Machado alquila una casita en el paseo del Mirón, para que Leonor pudiera respirar aire puro. Debía ser impactante observar a la pareja de enamorados: el profesor empujando la silla de ruedas de la joven. Pero Leonor no mejora y regresan al centro de la ciudad. Muere el 1 de agosto de 1912 y sus funerales se celebran, de nuevo, en la iglesia de La Mayor, justo 3 años después de la boda que allí mismo los había unido para siempre. Su cuerpo es enterrado en el cementerio del Espino. Una semana después Machado se va de Soria.


Soñé que tú me llevabas

por una blanca verada,

en medio del campo verde,

hacia el azul de las sierras,

una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía

tu mano de compañera

tu voz de niña en mi oído

como una campana nueva,

como una campana virgen

de un alba de primavera...


(Caminos)

martes, 15 de noviembre de 2011

Antonio



En abril de 1907 Antonio Machado es nombrado catedrático de Lengua Francesa en el Instituto General y Técnico de Soria. A finales de mes, el poeta se traslada a la pequeña ciudad castellana (unos 7.000 habitantes) para tomar posesión de su puesto presentándose al director del centro, Gregorio Martínez Martínez y firmando un documento por el que se dice que su sueldo será de 3.000 pesetas. Machado ha llegado desde Madrid en tren, a la estación de San Francisco (hoy desaparecida). El poeta se hospeda en una pensión que hay en el número 54 del Collado, esquina Instituto, y que llevan Isidoro Martínez Ruiz y Regina Cuevas Acebes. Aquí tomaría contacto con la realidad local y conoció, entre otras personas a José María Palacio Girón, funcionario de Montes y redactor de Tierra Soriana, con quien mantuvo una estrecha amistad. Soria era una ciudad "encantada entre sus piedras venerables" donde se publicaban varios periódicos bisemanales, había un casino para señoritos (Numancia), otro para la gente corriente (La Amistad) y varios cafés y confiterias para todos. Sería en el mes de octubre cuando empezara su trabajo como profesor. Tenía 32 años e impartiría docencia a estudiantes de Bachillerato que tenían entre 13 y 15 años (dos clases de 7 y 8 alumnos). Antonio Machado tiene tiempo para pasear por el río Duero, escribir y acudir al casino La Amistad (el de la gente corriente) para tomar café y leer los periódicos. Se le recuerda como "bueno, noble y recto, y por si esto no bastara ejemplo de sencillez y humildad" (era benévolo en las calificaciones y casi todos aprobaban). Su idea del trabajo:


Despacito y buena letra

que el hacer las cosas bien

importa más que el hacerlas.

(Nuevas Canciones)



A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

el traje que me cubre y la mansión que habito

el pan que me alimenta y el lecho donde yago.

(Campos de Castilla)



Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales.


(Soledades)

martes, 8 de noviembre de 2011

Monasterio

Monasterio es un pequeño pueblo de las Serranía de Guadalajara que cuenta con una veintena de habitantes y un delicioso restaurante llamado El Campanario, donde sirven unos platos para chuparse los dedos. El noroeste de la provincia ofrece paisajes al abrigo de la sierra de Ayllón donde predominan hayas y robles, encinas y sabinas, jaras y brezos. Pueblos con tejas de pizarra y paredes de piedra. Riachuelos circundan los paisajes de alrededor. A la entrada de Monasterio (no hay rastro de monasterio alguno por allí, la verdad) hay una fuente y un lavadero. El pueblo se encuentra a unos 6 kilómetros de Cogolludo, una vez que has cogido una carretera estrecha y llena de curvas (que es lo normal cuando quieres ir a parar a un lugar que aparece como escondido entre unas sierras).



Porque desde las ventanas de El Campanario, mientras comíamos, veíamos las montañas. Nos sirvieron de entrantes unas migas con uvas, un revuelto de champiñón, gulas y gambas con su huevo frito encima, y un plato de asadura. Y es que el plato estrella de la velada era una ración de cabrito asado al horno de leña. En el postre, una estupenda ración de flan de huevo.



Luego nos dimos un paseo por los alrededores, que estaban alfombrados con las hojas del otoño que desdeñaban los chopos, los sauces y los fresnos. Paseos de tardes oscuras en la inmensidad de los pueblecitos silenciosos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Christian Lloveras



Las montañas, los ríos, los puentes, los rebaños, los lagos, los árboles, los trenes de vapor... son el mundo donde están los ambientes de los cuadros del francés de Perpignan Christian Lloveras. La naturaleza en su estado más inocente pero con toques mágicos y ensoñaciones, cobra vida y se reinventa en las imágenes que plasman sus cuadros. Colinas y nubes se abrazan en el horizonte de tierras de mil colores. Un árbol en cuyas ramas surgen paisajes a la manera de cuadros dentro de un cuadro. Un lago helado del que surgen cuatro enormes amapolas que asustan o asombran a los patinadores. Mundos surrealistas en rincones cotidianos. Pero también universos costumbristas de un mundo ya casi olvidado.

En la foto, Verano del pastor. Los cuadros de Christian Lloveras pueden visitarse en la Galería Éboli de Madrid (Plaza de Ramales s/n) hasta el 17 de noviembre.

jueves, 3 de noviembre de 2011

El rey de Patones



"El rey de los Patones reinó durante el mandato del rey de toda España Carlos III, y con su consentimiento, durante la invasión napoleónica en el año 1808. Fue el único pueblo de España que por estar oculto en esta inaccesible sierra, se libró de los invasores franceses", dicen unos azulejos pintados en una calle de este pueblecito madrileño. Y es que la leyenda cuenta que durante varios siglos existió aquí una monarquía hereditaria que se remontaría a un origen visigodo cuya máxima obsesión debía ser que no entraran los extranjeros: en aquellos tiempos, los musulmanes. Según se recoge en el libro de Antonio Ponz, Viage de España, publicado a finales del s.XVIII, se da por cierta esta leyenda. En archivos del siglo anterior se demuestra que existía la figura del rey (como profesión), aunque no se aclara qué labores le correspondía realizar. El Diccionario de Miñano, de 1828, dice: "Con título tan glorioso (de rey) sucedieron en el gobierno de los Patones los varones mayores de la familia de los Prietos administrando justicia, hasta que hallándose reunidas 60 familias en dicho sitio... y notando que en las poblaciones circunvecinas hacían mofa del que se titulaba Rey, solicitaron del Señor de la población, que es el duque de Uceda, les nombrase justicia...Sin embargo, hay un anciano de 90 años que ha conocido al último rey, llamado Juan Prieto".


Así pues, en esa época que abarcaría desde 1600 a 1750, existía en ese rincón perdido de la sierra madrileña una autoridad que ejercía una peculiar administración con tal entusiasmo que se cuenta que en época de Felipe II se llegó a recibir una carta en estos términos: "Del rey de los Patones al Rey de las Españas".

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La Casa de San Isidro



Caminando por la calle Mayor de Torrelaguna y, deteniéndonos en una curiosa fachada, una señora se asoma a la puerta y nos invita a entrar a su portal. "Aquí es donde vivió San Isidro y, desde lo alto de esta escalera predicaba", nos cuenta Juliana. Efectivamente, nos encontramos en la casa señorial perteneciente a la familia Vargas, cuyas tierras parece ser que trabajó San Isidro en el s.XII cuando huyó de los moros de Madrid y se refugió en esta casa donde conocería a María Toribia, que más tarde se convertiría en su esposa y, finalmente, en la patrona de Madrid, Santa María de la Cabeza. María había nacido en Uceda y con Isidro tendrían un hijo llamado Illán que se cayó a un pozo, pero el santo le salvó. La casa que nos enseña Juliana hoy día no tiene ningún rastro de lo que fue en aquella época. Se trata de una fachada renacentista con un arco de medio punto rematado por un frontón triangular en cuyo interior vemos un escudo con dos leones rampantes. En el portal, un altarcillo con figuras y fotos de San Isidro y Santa María de la Cabeza, velas, miniaturas en madera de útiles de labranza y una bandejita para dejar alguna moneda. Juliana también nos enseña el patio donde hay gallinas. Cuando el santo volvió a Madrid a sus asuntos, María se quedó para siempre en una ermita al lado del río Jarama a cuidar de la virgen.