San Vicente de la Sonsierra

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martes, 20 de septiembre de 2011

Almagro




La Plaza Mayor, el Corral de Comedias, el Museo Nacional del Teatro, el Teatro Municipal, el Convento de la Asunción... al menos son 5 motivos para visitar esta localidad de Ciudad Real que creció a la sombra de las órdenes militares que protegían las fronteras conquistadas a los árabes. Y ya en el siglo XVI, con la llegada de familias nobles de banqueros alemanes que construyeron palacios y casonas solariegas (con hermosos patios) sería cuando Almagro viviera su época de esplendor.


Un conjunto de columnas de orden toscano soportan dos galerías (en otros tiempos abiertas, hoy cerradas con ventanales de bello tono verde) que de algún modo abrazan el edificio del ayuntamiento erigido en el s.XVI y restaurado en el XVIII de aire neoclásico, todo ello en el espacio de la Plaza Mayor. El Corral de Comedias es del XVII, tiene un patio abierto de unos 300 metros cuadrados. Las obras satíricas y burlescas que se representaron allí durante dos siglos constituyen todo un patrimonio artístico que justifica que, muy cerca, se halle en el palacio de los Maestres (con un claustro mudéjar, ahora en restauración) toda la historia del teatro español a base de vestidos, atrezo, maquetas, libros, cuadros y dibujos en el Museo Nacional. En el nº 20 de la calle San Agustín se encuentra el Teatro Municipal, una joya de finales del XIX de estilo grecorromano, con tres plantas y 800 localidades.


En los primeros años del s.XVI, el comendador de la Orden de Calatrava mandó edificar un hospital que, con los años, pasaría a ser un convento (La Asunción). Tiene un fascinante claustro con dos galerías de órdenes clásicos, jónico el primero y toscano el segundo (foto). La iglesia es gótico tardío y las puertas del claustro, platerescas.


También son interesantes el Palacio de los Fúcares (almacén para guardar el mercurio que llegaba de las minas de Almadén, arrendadas a una familia alemana por el Emperador Carlos V) y la iglesia de San Bartolomé, construída entre los siglos XVII y XVIII, con un interior rococó. Pasear por las calles de Almagro y encontrarte con el Palacio de los Condes de Valparaíso, la casa de los Welser, la de Xedler, el Palacio de los Marqueses de Torremejía, el convento de Santa Catalina (hoy Parador)... es un verdadero privilegio.



En Almagro se comen duelos y quebrantos (revuelto de jamón, tocino y huevo), asadilla (pimiento rojo y tomate triturados), codorniz escabechada, berenjenas (tiernas, cocidas y aliñadas con hinojo y vinagre) y bizcochada (natillas con un bizcocho).


No puedes salir de Almagro sin comprar un queso de oveja semicurado.

4 comentarios:

  1. Esta localidad es un lugar luminoso. Así, al menos, la recuerdo yo.

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  2. y el encaje de bolillos,
    ...según Almodóvar.

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  3. Fuí una vez por el festival. Lo recuerdo divertido porque al ser tan pequeño te relacionabas irremediablemente con los actores (mas jóvenes) en la marcha nocturna. Hace mas o menos un siglo. Los actores que conocí criticaban a un Carmelo Gómez que se había visto por sorpresa de protagonista por una sustitución (eso que pasa siempre en las pelis de teatro)y según ellos ya gastaba formas de divo.

    Y no te lo vas a creer pero de esta labor sencilla a que mi vida consagro florece la maravilla que es la mantilla de Almagro.

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