San Juan de Baños

San Juan de Baños

jueves, 15 de noviembre de 2012

Sastrería Rafael


"Sastrería Rafael únicamente vende pañería seleccionada entre los fabricantes de mayor prestigio, que le permite garantizar el resultado de sus artículos. Sastrería Rafael, General Mola, 24".

En aquellos tiempos la radio se llamaba Radio Juventud de Soria y todo lo que pasaba, pasaba a la vuelta de la esquina. "Qué buena es, qué buena es, que rica está, que rica está, la gaseosa Navalpotro y nada más". La vida era ese trozo de calle entre la Garrapincha ("qué rica la Pilarica, repita") y la Bollera (ese aparador que daba vueltas con cocos y caballitos). La Garrapincha era un puesto (azul, con unos globos dibujados al frente) que vendía pipas -te podía salir repita o premio-, maíz tostado y unas cajitas llamadas Regalinas que tenían un puñado de caramelos pequeños de distintas clases y texturas. Y los sobres sorpresa del oeste o de médicos. El negocio estaba regentado por dos hermanas peinadas, vestidas y enjoyadas como para ir a una fiesta diplomática. La Bollera era una tienda que estaba en los soportales y que ofrecía bollos, todo un festival de dulces artesanos expuestos en su fascinante escaparate, que te dejaban los labios blancos y el corazón contento. El producto estrella era una galleta pintada con azúcar glace y que tenía forma de caballo. 
"Lo que la moda crea, Nuevas Galerías presenta". Lo que veíamos en las tiendas era la ventana al mundo. El pasaporte que recibiríamos cuando, pasado el tiempo, ya estuviésemos preparados para dejar lo que llamábamos el collao -como no estaba escrito Collado, sino General Mola, ni siquiera lo pronunciábamos bien-. En verano, un corte de helado mantecado y, en invierno, un cucurucho de castañas asadas. Cuando llegaba la Navidad, los aparadores de la Droguería Moderna cambiaban sus detergentes por las cajas de los juguetes más esperados del momento. Y al cerrar los sábados Casa Zapata, el suelo de la tienda se llenaba de singles y elepés como si una lluvia de circunstancias felices hubese pasado en ese momento por allí.

La Garrapincha, la Bollera y la Droguería Moderna ya no existen, como esos sueños rotos que, creyendo que durarían siempre, finalmente se convirtieron en lo que es la infancia: pérdida y recuerdo.

2 comentarios:

  1. ¿No te habrá atacado el espíritu navideño? Mira que ahora llega prontísimo.

    Si me quieres divertir
    es preciso que me leves
    a los Almacenes Ruiz
    de Hortaleza 19






    ResponderEliminar
  2. Qué crónica más preciosa.. y también divertida, porque lo de la gaseosa Navalpotro..

    ResponderEliminar